SITIO de MARIA ELENA SOFIA

Fernando Azamor




Cuidado. Esto no es broma.

    Cerca de esta casa, para aquel lado, hay un lugar enorme y muy oscuro. Muy oscuro. Da miedo. Y curiosidad.
    A ese lugar misterioso nadie lo quiere nombrar, pues dicen que repetir su nombre trae siete años de mala suerte o peor: hace doler la panza. Dicen que si una persona o un loro lo nombran, esa noche vendrán dragones, vampiros, hombres-lobos, víboras, arañas…
Pero como yo no tengo miedo de monstruos, caballeros con espadas, fantasmas, brujas y todo eso, digo su nombre maldito todas las veces que se me da la gana: Bosque Citonnel, Bosque Citonnel, Bosque Citonnel.
    Cuando yo era más chico, como todos los otros niños, preguntaba por él. Mis padres, como todos los otros papás, me decían que me quedara tranquilo, que era una leyenda, que sólo se trataba de cuentos, que ese lugar y los monstruos no existían.
Ahora sé que existe el Bosque Citonnel.
Y también entiendo por qué los papás dicen mentiritas: no quieren que los chicos se acerquen a esa zona, pues de verdad allí ocurren cosas extrañas. Y peligrosas. Muy peligrosas.
Y todos tienen miedo del Bosque Citonnel.





Tribulaciones chinas. Cuentos. Fernando Azamor

(en la foto al centro)

Contacto con el autor: sidalu@siderca.com



Fernando Azamor ha escrito este libro con palabras bellas, elegantes, claras y con intuición creativa. Pero además ha revelado un gran conocimiento del alma humana. Resulta necesario afirmar esto ante todo; antes, incluso, de proponer cualquier análisis.

  Estos relatos persiguen quizás una justicia poética, el autor ha renunciado a la épica cotidiana, a la identificación con la literatura doméstica occidental, para no renunciar a la poesía. Quizás. La narración puede ser el pasado o el futuro, pero buscar la armonía en la mezcla de planos, la historia y sus héroes, la leyenda, lo onírico, delata la intencionalidad de la belleza aún allí donde no se evidencia, pues un cuento no precisa de lo bello como la poesía. En esos mundos creados lejos de nuestra geografía la mente ha estado agitada por el temor, la ira, la traición, y tan cercanos sentimos esos fantasmas atravesados por el amor, por la venganza;  cómo nos identifica el exilio del poeta, la tortura del olvido, la iluminación redentora de un príncipe, el mito del dragón, la muerte…

  Es de creer que la urdimbre de estos relatos llevó cierto tiempo, pues la estructura en la que se asientan está formada por sabiduría, filosofía y cierto estudio de las tradiciones orales, ingredientes enriquecedores del cuento fantástico. La tardanza entre la escritura y la transformación en libro ha logrado una maceración óptima: los relatos tienen su tiempo propio, un transcurrir y hasta una forma de escritura particular, la forma es parte de la trama muchas veces, pues unida al tono y la mirada nos pone en el lugar correcto de apreciación de la obra.

  Este volumen presenta treinta relatos, un tapiz diverso y colorido que enseguida se revela. Por poner un ejemplo representativo: “… Y llega el Destructor” es la explicación del amor que intenta un abuelo frente a sus nietos. Pan-Lo dice que con amor se puede enseñar y aprender mucho más que con rigor, y en estas palabras el autor encuentra durante todo el libro la fuente infinita de historias y personajes que viven en él.  Con el ritmo y el misterio propio de los relatos que suceden en los cuentos chinos, el autor logra hermosas escenas, con una gran fuerza artística y una gran riqueza ideológica. “Tribulaciones chinas” no sólo está escrito en homenaje al libro de Julio Verne, en él la universalidad se manifiesta a las claras: su personaje King Fo vive en Shangai, su amigo y discípulo Wang lo acusa de no haber tenido suficientes disgustos como para apreciar la verdadera felicidad. Hasta que los disgustos le llegan a King Fo, en fin… Pues más bien la escritura de Azamor es una necesidad de recomponer un mundo de héroes, de recrear la tradición del cuento, recuperar la atención de un niño que cree en todo lo que el abuelo cuenta. Un intento de recuperar la magia que ha dado en esconderse en la ficción como último reducto. Y también se vislumbra el tema de la herencia, el legado. ¿Cómo contarles a los niños quiénes somos? ¿Cómo transmitirles valores y conocimientos? Bueno, vamos, cómo decir a los demás quiénes somos… Cómo decir el orgullo, la fidelidad, el poder… Hay una dificultad en contar una historia, y es cuando se deben elegir los pilares en los que se apoyará, para que prevalezca en el tiempo su mensaje, su esencia. Y para ello el autor decide escribir desde la calma y la distancia.

  Argentina y China son dos lugares diferentes, quién lo duda. Leyendo un texto, la fisonomía y la patria de los personajes prontamente nos revelarían los hechos contados y disolverían cualquier confusión.

  En “El Mensajero” el hombre enfrenta su pequeñez y su grandeza aceptando el dolor de un destino injusto, “Aroma a lino en flor” es un relato de fantasmas, los temas son sencillos y surgen fluidamente en la voz del abuelo contador de historias. Desde la calma y la distancia los disfrutaremos los adultos. Los niños y jóvenes lo harán con atención y asombro genuinos. “Entonces, conozcamos algunos de los relatos de Pan-Lo y para ello, miremos qué está haciendo ese abuelo…”

                                                                                            Del Prólogo, María Elena Sofía.